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jueves, 16 de enero de 2014

Las adicciones

Como adictos, todos experimentan el dolor, la soledad y la desesperación de la adicción. Muchos han hecho lo inimaginable para controlar el consumo de drogas, tratan de sustituir unas drogas por otras, creyendo que solo se tiene un problema con una droga en particular, limitan el consumo de drogas a ciertas horas y lugares, es posible que en algún momento hayan prometido dejar de consumir por completo; la adicción continua avanzando dominando incluso las mejores intenciones.
La adicción es una enfermedad progresiva, su progresión puede ser rápida o lenta, pero siempre es cuesta abajo. Mientras se siga con el consumo, la vida empeorara cada vez más, es imposible describir la adicción de una forma que complazca a todo el mundo, sin embargo la enfermedad afecta de manera general en tres aspectos al individuo: mentalmente los obsesiona la idea de consumir, físicamente desarrollan una compulsión que los hace seguir consumiendo independientemente de las consecuencias y espiritualmente durante la adicción el individuo se vuelve totalmente egocéntrico. Para muchos adictos tiene sentido ver la adicción como una enfermedad, porque es progresiva, incurable y puede ser mortal, al menos que se le detenga.
Hay que ocuparse de todos los aspectos de la adicción, no solo de su síntoma más obvio: el consumo incontrolable de drogas. Los aspectos de la enfermedad son numerosos, cada quien puede descubrir de que forma la adicción lo afecta personalmente. Al margen de las consecuencias individuales que la adicción tiene en cada individuo, hay ciertas características comunes que todos comparten. Lo primero que debe abordar un adicto es la obsesión, la compulsión y la negación, lo que muchos han llamado un vacío espiritual. Al ir examinando en detalle y reconociendo todos los aspectos de la enfermedad, se comienza a entender la impotencia. A muchos les da problemas entender la idea de que, como adictos sean obsesivos y compulsivos. Pensar que esa palabra se le pudiera aplicar a un adicto les da escalofríos. Sin embargo la obsesión y la compulsión son aspectos de la impotencia, se tiene que entender y reconocer su presencia en la vida para que la admisión y aceptación sean completas. Para un adicto, la obsesión es ese flujo incesante de pensamientos relacionados con el consumo de drogas, quedarse sin ellas, conseguir más, y así sucesivamente. Simplemente no se pueden quitar esos pensamientos de la mente. La compulsión, es el impulso irracional de seguir consumiendo drogas, sin que importen las consecuencias. Simplemente no se puede parar. La negación es la parte de la enfermedad que hace que les resulte difícil, sino imposible, reconocer la realidad. Durante la adicción la negación protege al individuo de ver en que se ha convertido su vida. El individuo suele decir que si se dan las circunstancias correctas, aún puede controlar su vida y el consumo. Como el adicto es hábil para defender sus acciones, se niega a asumir la responsabilidad por el daño causado por su adicción. Puede creer que si lo intenta con fuerza, si sustituye una droga por otra, cambia de amigos, se muda de residencia, o de empleo, su vida puede mejorar; esos pretextos fallan repetidamente, pero el adicto sigue aferrados a ellos. A pesar de la evidencia, el adicto se puede negar a aceptar que tiene un problema con las drogas, se engañan creyendo que pueden consumir de nuevo sin problemas, justifican sus acciones a pesar del desastre creado por su adicción.
La parte espiritual de la enfermedad, que puede que solo reconozcan como una sensación de vació o soledad al intentar dejar la droga por primera vez, quizás sea uno de los aspectos de la adicción que resulte más difícil. Como esa parte de la enfermedad afecta al individuo de una forma tan profunda y personal, quizás les agobie la idea de aferrarse a cualquier programa de recuperación. Sin embargo es valido mencionar que nadie se recupera de la adicción de la noche a la mañana.
A medida que se empiezan a observar los efectos de la enfermedad, se puede determinar que la vida de un adicto se vuelve ingobernable. Se determina en todas las cosas que andan mal. Una vez más las experiencias son individuales, y varían mucho de un adicto a otro. Algunos se dan cuenta de que su vida se ha vuelto ingobernable porque sus emociones están fuera de control o porque se empiezan a sentir culpables del consumo de drogas, algunos lo han perdido todo: hogar, familia, empleo y amor propio, otros nunca aprenden del todo a funcionar como seres humanos, otros pasan largos tiempos en cárceles o instituciones, otros han estado muy cerca de la muerte. Fuera cuales fueran las circunstancias individuales, el comportamiento obsesivo, compulsivo y egoísta ha gobernado su vida, y el resultado final ha sido la ingobernabilidad.

Se sabe que un adicto no se puede recuperar sin la capacidad de reconocimiento de su problema. El adicto se enfrenta a lo que es y no a lo que podría o debería ser. Existen ciertas preguntas que pueden ayudar al adicto en esta fase: ¿puedo controlar el consumo de drogas? ¿Estoy dispuesto a dejar de consumir? ¿Estoy dispuesto a hacer lo necesario para recuperarme?. Esto ante la posibilidad de encontrar una nueva forma de vida o seguir en la adicción.
Hay que empezar a liberarse de esos pensamiento ocultos llamados reservas, se deben aclarar, identificar y soltar; la mayoría las tiene, pueden ser de cualquier tipo, creer que pueden consumir algún tipo de droga porque jamás se tuvo problemas con ella, ponerles condiciones al proceso de recuperación, como mantenerse sin consumir solo si se cumplen sus expectativas, creer que todavía se pueden juntar con personas relacionadas con su adicción, creer que se puede volver a consumir después de cierto tiempo de abstinencia, etc, etc. Lo más importante que hay que saber sobre las reservas es que manteniéndolas, se esta apartando un lugar a la recaída. Es de recalcar que para comenzar un proceso de recuperación hay que dejar de consumir, la abstinencia total de todo tipo de drogas es la única forma de superare la adicción; si bien la abstinencia es el comienzo la única esperanza de recuperación es un profundo cambio emocional y espiritual.
El adicto debe estar dispuesto a hacer todo lo que haga falta para recuperarse, en el proceso se llegan a conocer ciertos principios espirituales, tales como el reconocimiento

, la aceptación y la rendición; si se practican estos principios con rigurosidad, transformaran la percepción y la forma de ver la vida. Al empezar a practicar estos principios, puede que les parezca poco espontáneo, efectuar la admisión honesta de la enfermedad, quizás requiera un esfuerzo calculado de su parte. Aunque se admita la adicción, puede que el adicto todavía se pregunte si eso de verdad le va a funcionar. La aceptación de la enfermedad va más allá de la admisión consciente. Cuando se acepta, se tienen esperanzas de recuperación, se comienza a creer a un nivel más profundo que la recuperación es posible. El adicto comienza a desprenderse de sus dudas y se va adaptando verdaderamente a su enfermedad, se abren al cambio, hay rendición.
A medida que el adicto se va identificando con su enfermedad, descubre que la rendición no es lo que pensaba. En el pasado, probablemente lo consideraba como algo que solo era para los débiles y los cobardes. Solo se veían dos opciones, seguir luchando para controlar el consumo o hundirse por completo y que la vida se hiciera pedazos. Poco a poco se va descubriendo que la rendición implica abandonar las reservas y estar dispuesto a abordar la vida de una forma diferente, el proceso de rendición es completamente individual, solo el individuo sabrá cuando lo a logrado. Se hace hincapié en la rendición porque es precisamente el factor clave en todo proceso de recuperación. Cuando el individuo se rinde ante las drogas sabe de corazón que no puede con ellas y que su vida es ingobernable ante ellas, en pocas palabras la vida del adicto es dominada por las drogas. Solo así cesará la lucha y el individuo empezará a experimentar una sensación de alivio.

Por mucho que se haya luchado, al fin se llega a un punto de rendición, en el que el individuo se da cuenta de que no puede dejar de consumir drogas sin ayuda. Se está en capacidad de admitir la impotencia ante la adicción, se dan por vencidos totalmente. La paradoja de esta admisión es evidente, siempre que se piense que se puede controlar el consumo de drogas, se estará casi obligado a seguir consumiendo, en cuanto se admita que se es impotente, no se tiene porque volver a consumir. Es un indulto a la condena de tener que consumir, es el regalo más grande que se puede recibir, pues puede salvar la vida.
Se esta comenzando una nueva forma de vida que ofrece alegría y felicidad. Sin embargo, la recuperación no exime del dolor. Vivir la vida tal cual es, combina momentos de felicidad con momentos de tristeza. Acontecimientos maravillosos se mezclan con momentos de dolor, en los sucesos de la vida se experimentaran toda la gama de sentimientos.
Si se mira honestamente en que se convierte la vida de un adicto, se reconocerá la impotencia e ingobernabilidad de su vida. Si se dejan atrás las reservas, se acepta la adicción y se logra la rendición; se experimentara la esperanza que ofrece la recuperación. El adicto se dará cuenta de que ya no puede seguir como estaba, estará listo para un cambio y para probar otro camino…